Justicia a la exigencia social sobre la patria

La visión de la justicia desde el cabildo o la Suprema Corte de Justicia de la Nación es con certeza diferente a la que percibe la ciudadanía. Las normas jurídicas están en un librero, en una página web o en la memoria de algunos abogados, pero la percepción pública sobre la legitimidad de quemar una bandera en una manifestación, nos hacen enfrentarnos a discusiones aterrizadas en la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales o -con énfasis acusatorio- en los artículos 191 y 192 del Código Penal Federal. La percepción de los símbolos mexicanos debe analizarse desde la utilidad de su “unidad nacional” o desde la limitación a un derecho tan valioso como la libertad de expresión.

 Quema de bandera oaxaca-2--El camino por el que ha transitado lo nacional es paradójicamente una guía de cómo imitar lo extranjero con el exótico  toque del neoliberalismo a la mexicana, nuestra dictadura sexenal suigeneris, o una guerra contra la propia población  donde los muertos somos nosotros, puras cosas made in México. La cohesión nacional nos ha integrado bajo esquemas (más  bien esquelas) establecidos por lo católico, lo burgués, lo colonial, lo francés, lo estadounidense, lo capitalista, lo sindical, lo  global, lo indígena y un sinfín de convenciones poco originarias, poco mexicanas. No descubro el hilo negro, ya lo hicieron  muchos buscadores de lo mexicano y entre los más populares Octavio Paz o el “Grupo Hiperión”. Lo mexicano es  accidentado.

La profunda tradición de la construcción por parte de los gobiernos (los tres principales partidos mexicanos gozan del discurso) sobre lo “nacional” nos debe millones de personas indignas para el régimen en turno, convertidos en esclavos, detenidos, prisioneros, muertos y desaparecidos. Pocos héroes nacionales (mártires) desde la verdadera disidencia por cierto.

El permiso para iniciar lo nacional en la Independencia fue el oportunismo de la clase privilegiada ante la distracción europea que permitió numerosas independencias en Latinoamérica, pero continuó, incluso perpetuó, un ciclo interminable de injusticias e indiferencias. En 1917 se adecuó la Constitución dentro del contexto de la Primera guerra mundial frente a la estrategia de Estados Unidos -particularmente con el incidente del Telegrama Zimmermann- que consideró que era viable controlar al Estado mexicano desde su Presidente que enfrentarse a un vecino incomodo. Caso similar al de la Expropiación petrolera, la ya imparable y anunciada Segunda guerra mundial con los recursos que habría gastado EE.UU. en mantenernos controlados como aliados era innecesario, mejor el control y el flujo de petróleo por otros medios.

En la historia de México se reconocen personajes dignos, éticos, defensores de los no favorecidos, inclusivos, sensibles a los pueblos originarios, etc. pero casi todos esos y esas ilustres, están separados en cajas en un edificio al final del Colegio de México, porque son de los pocos que gustan de no estudiar sólo lo señalado como nacional por el gobierno.

Ésta no es discusión sobre Juan Bautista Pascasio Escutia y Martínez, la bandera y si fue o no enlistado, sólo no es necesario considerar la idea de una historia única atiborrada de simbolismos exagerados que hasta ahora han impuesto formas anacrónicas de exclusión y límites.

¿Cuál es la necesidad de dar solidez a los argumentos nacionales? mejor aún ¿A costa de qué o quiénes? Infiero que de personas encarceladas por no estar de acuerdo con el gobierno que los señala como anarquistas quema banderas, o bajo el argumento de atacar a las mayorías patrióticas como en el caso del poema “La patria entre mierda” del célebre Sergio Witz que escribió “Yo me seco el orín en la bandera de mi país, ese trapo sobre el que se acuestan los perros y que nada representa, salvo tres colores y un águila que me producen un vómito nacionalista o tal vez un verso lopezvelardiano de cuya influencia estoy lejos, yo, natural de esta tierra, me limpio el culo con la bandera y los invito a hacer lo mismo: verán a la patria entre la mierda de un poeta.” Hay que destacar que el artículo 3° Constitucional dice que el Estado tenderá a fomentar el amor a la patria, por lo que le deberían construir un nuevo edificio a la SEP –no tan grandes como el Senado o la Cineteca- en el Zócalo de la Ciudad de México, aun cuando no sabemos nada de matemáticas y física, porque si algo tenemos hasta el tuétano es amor a la patria.

Cinco personas fueron consignadas en una manifestación realizada el 1° de mayo en el estado de Oaxaca por quemar una bandera de México, muchos se sintieron más ofendidos cuando Vicente Fox como precandidato ondeó un estandarte de la Virgen de Guadalupe en un acto público del PAN, pero claramente no es lo mismo porque eso tiene aceptación pública e incluso arranca fe y esperanza electoral.

El simbolismo nacional mexicano no acepta las críticas de una población lastimada por varias de las reformas Constitucionales, preocupada por el limitado crecimiento del país –según Carstens en tres décadas-, desesperada por la inseguridad y la violencia desmedida, incapaz de competir ante los monopolios asfixiantes, harta por el gasto en publicidad oficial que nos hace ver al gobernador de Chiapas hasta en la parada del camión en el Distrito Federal, o temerosa del contraste entre el crecimiento de la pobreza alimentaria y el control natal de la Sedesol, esas cosas deberían causar una revolución social, bueno enojo nacional, bueno molestia, bueno una bandera quemada ¡Ah! Justo.

 

La defensa de la libertad de expresión es más importante que preservar los símbolos que dan honra a nuestra patria, lo histórico está en duda y a nadie afecta la quema de un pedazo de tela en las calles. Es claro que uno de los principios democráticos fundamentales es la opción de salir a las calles a manifestarse contra las decisiones de gobierno, no obstante –como describimos en ARTICLE19- “Cabe recordar que este tipo de restricciones a la libertad de expresión violan la Constitución y las normas de derechos humanos que obligan al Estado mexicano. Tales restricciones –ilegítimas- contravienen tres elementos fundamentales de la libertad de expresión: la crítica política y de instituciones como discursos especialmente protegidos, la prohibición absoluta de ciertas restricciones a la libertad de expresión y la desproporcionalidad de las sanciones a través del derecho penal”.

Incluso en la Declaración Conjunta sobre Universalidad y el Derecho a la Libertad de Expresión. Recomendaciones a los Estados, inciso f), prima iii) que incluyen la Relatoría Especial de las Naciones Unidas para la Libertad de Opinión y de Expresión, Representante para la Libertad de los Medios de Comunicación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, Relatoría Especial de la OEA para la Libertad de Expresión y Relatoría Especial sobre Libertad de Expresión y Acceso a la Información de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos establece que este tipo de restricciones deben ser derogadas y que si alguien fue condenado por éstas, debe ser absuelto inmediatamente.

El discurso sobre encarcelar a quien queme la bandera es patriótico pero anticonstitucional, antidemocrático y por si fuera poco va en contra del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Por lo tanto, exprese sus opiniones libremente y salga a las calles, la historia lo absolverá.

*Publicado en Central Municipal, junio 2014.


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